El esplendor nació conmigo
y no puedo pretender ser comprendida.
No soy pretenciosa, sino que el fuego está
y es imposible apagarlo.
Cuando lo intento, se marchita mi ser
y no encuentro el camino ni la luz que me guíe.
Y por eso, ando por aquí expresándome,
husmeando como los gatos el aire, la vida…
Seguir, es una faena ardua
y mas ahora, que el mundo está enfermo.
Mantengo este, mi otro mundo
y lo protejo como frágil cristal.
De él alimento mi alma y mi espíritu.
Estoy condenada a la belleza,
a la que mis ojos
y sensibilidad perciben.
No puedo claudicar…
Yvette Ruben
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