Y siendo hija de Voltaire mis realidades se convertían en creaciones y así nació Cándida, la artista. Ella se estremecía ante las obligaciones impuestas, no entendía la rigidez y pensaba que quien le daba un puñetazo y luego le ayudaba a levantarse era alguien bueno, porque en su realidad solo existía la belleza y la bondad.
Lentamente despertó la artista con sensibilidad y motivación extrema que necesitaba llenar el vacío que su ser demandaba: ser abrazada, sentir el placer físico, era una enamorada de la vida. Cándida se alejaba de Realidad, se comprendían menos y sus encuentros pesaban más con el transcurrir del tiempo, perdió el gusto de estar con ella, era demasiado el esfuerzo aunque con ella continuaba la vida y allí estaban todos los que amaba, especialmente sus hijos.
Qué hacer, se preguntó varias veces y la respuesta llegaba clara a su alma. No puedes abandonar a los que amas, sigue así, aunque el esfuerzo sea mayor; la vida es de los que luchan por lo que aman...