De un momento a otro
nos dimos cuenta
qué tan frágiles somos
y no advertimos
que la tierra estaba enfadada
y se desplomaba
ante nuestra mirada indiferente.
Como adolescentes,
nos sentíamos omnipotentes
y dueños del Planeta.
El castigo es necesario y fuerte.
Aprendida la lección,
tendremos que renacer,
con principios reales.
Quizás algunos no veremos
dar sus primeros pasos
para reverenciar el cambio.
Somos frágiles como las hojas de otoño,
cualquier brisa se las lleva…
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