No se le puede pedir más a un mercado de
barrio que frescura.
Caminando en la mañana encontré
este pintoresco y primaveral, donde los propios campesinos venden sus
productos con el mismo amor y cuidado con que los cultivan.
Son mercados itinerantes y el esfuerzo
es grande sin ser reconocido. Ellos son amantes de la tierra y sufren la
ingratitud de nosotros.
Ojalá los gobiernos fueran impulsadores
de estas pequeñas plazas y nos evitaran la no muy grata actividad de mercar en
los grandes supermercados.
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