Nadie habla, todos comen.
La música ensordece
y nadie escucha.
Tecnología para el bien
y para el mal.
Mueren los sueños, las fantasías.
El desamor predomina,
todo es efímero
mientras la guitarra
sigue su movimiento.
Solo tocas para ti músico
y estás anciano,
aún buscando
oídos que te escuchen.
El cuerpo pesa,
los dolores aumentan.
No tengo prisa para ir
y más bien,
deseo regresar en donde comencé.
Estoy entre el olvido y el ser.
Decido seguir andando
y los pies cansados
dirán hasta donde.
El amor no se extingue
y la llama ardiente
es fuego tranquilo.
Ven aquí, mis brazos te esperan,
miraremos juntos el futuro.
pero está su amiga la guitarra.
Ojos tristes y desesperanza,
su melodía inunda el ambiente
de nostalgia.
No hay quien entienda lo que expresa.
Dicen que el son se fue de aquella isla
pero no, allí está,
como las olas del mar.
Van y vienen los acordes.
No conoces el amor,
no das, no recibes.
Sus ojos no miran de cerca
y siempre anhelando
otro futuro, quizás prohibido
o inalcanzable.
Pobres los ojos que no ven,
pobre el corazón que no ama,
pobre el que su sed no calma
con agua de manantial
y desea la riqueza que no termina.
Yvette Ruben
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