Llueve sobre los naranjos.
Son lagrimas dulces
con sabor a azahares.
Los pájaros se refugian
y las flores, apagan sus colores.
La hierba se alegra y estiliza.
Las baldosas, relucen con la pátina
del agua bendita para el campo.....
Y aquí pienso y reflexiono,
qué tanto sacrifica
el hombre por su trabajo,
cuánto deja de saborear
y disfrutar lo que ofrece la vida.
Sea el azadón o el desarrollo,
debe haber un balance justo
entre la obligación y el placer.
YvetteRubenA
Bellisimo, que frescura en cada palabra!
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