De nuevo en
Cartagena, la ciudad en donde debí nacer.
Me gusta su
luz, su gente, el tiempo que no pasa.
Aquí, el
invento detestable de la jornada continua no existe,
porque el
calor adormece, así se esté frente a un mostrador
de almacén o
recibiendo el sol en plenitud.
Tardes de
brisa fuerte y cálida, de pájaros en los balcones,
de noches
para tertuliar y tomar un café, la rumba sana
y el amor a
oscuras.
Esta
Cartagena que tiene el hechizo de nunca olvidarla y
siempre
querer volver para descubrir lo mismo pero verlo diferente.
No pierde esa
cualidad de asombrar como si fuera la primera vez.
Yvette Ruben
Alfandary
(Y)
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